
El caso de la Ruta Nacional 152 muestra cómo el deterioro de la infraestructura vial deja de ser solamente un problema de tránsito para convertirse en un problema social, económico y territorial.
La situación que describen intendentes, comerciantes y vecinos de localidades como Puelches y Gobernador Duval evidencia un proceso de aislamiento progresivo en una región que depende casi por completo de esta conexión.
La RN 152 es estratégica porque vincula el centro del país con la Patagonia y además funciona como corredor logístico para el tránsito pesado asociado a Vaca Muerta. El problema es que la infraestructura no fue preparada para soportar un salto tan fuerte en el flujo de camiones: pasar de unos pocos cientos diarios a más de mil unidades acelera el desgaste y multiplica los riesgos.
El impacto ya se ve en varios niveles:
- desaparición o reducción del transporte público;
- mayores tiempos y riesgos en emergencias sanitarias;
- dificultades para estudiantes y docentes;
- encarecimiento de la logística comercial;
- caída del turismo y del movimiento económico local;
- aumento de accidentes por pozos, deformaciones y falta de señalización.
También aparece un punto político y estructural importante: el reclamo por el destino del impuesto a los combustibles destinado al mantenimiento vial. El ministro Alfredo Intronati plantea que existe una desconexión entre la recaudación y la inversión efectiva en rutas nacionales, mientras que los municipios y la provincia afirman no tener autorización para intervenir directamente.
El trasfondo es más profundo que una simple obra pendiente. Cuando una ruta nacional queda deteriorada durante años, las consecuencias terminan afectando:
- competitividad productiva,
- acceso a servicios básicos,
- integración regional,
- arraigo poblacional.
En regiones de baja densidad poblacional como el oeste pampeano, la conectividad vial prácticamente define la posibilidad de desarrollo. Sin rutas transitables, las localidades pierden servicios, actividad económica y población.
Además, la situación de la RN 152 refleja un fenómeno más amplio en Argentina: muchas rutas nacionales quedaron diseñadas para un tránsito muy inferior al actual, especialmente en corredores vinculados al agro, minería y energía. Sin mantenimiento estructural y sin reconstrucción de base, el simple bacheo ya no alcanza.
El punto más crítico del planteo es que el deterioro deja de ser gradual y empieza a entrar en una fase de “colapso funcional”: colectivos que dejan de circular, proveedores que no ingresan y demoras sanitarias. Ahí la infraestructura pasa de ser un problema económico a convertirse en un factor de desigualdad territorial.