
Voluntarios locales e internacionales trabajaron durante días adaptando dispositivos para personas que esperaban desde hacía años una oportunidad de autonomía o que directamente no podían costearlos.
Esta semana, Mendoza volvió a convertirse en uno de los puntos elegidos para desarrollar “Ruedas para el Mundo”, el programa impulsado por la fundación internacional Joni and Friends que entrega dispositivos de movilidad adaptados a personas con discapacidad motora.
El operativo reunió a voluntarios, especialistas en rehabilitación, mecánicos, costureros y traductores que trabajaron durante varios días en la adaptación personalizada de más de 250 sillas de ruedas.
Muchas de las sillas habían sido descartadas previamente en Estados Unidos. Allí fueron recuperadas por estudiantes universitarios y trasladadas a centros de restauración donde personas privadas de la libertad participaron en su reacondicionamiento antes de ser enviadas a distintos países.
Según detalló Rosa, coordinadora del operativo en Mendoza a El Sol, la fundación trabaja junto a universidades estadounidenses cuyos alumnos realizan tareas comunitarias vinculadas al reciclaje de dispositivos ortopédicos. Luego, las sillas son enviadas a prisiones donde los internos reciben capacitación técnica para restaurarlas.
“Les enseñan a las personas privadas de la libertad el oficio del reciclado a nuevo de instrumentos para personas con movilidad reducida”, señaló.
Después de ese proceso, los dispositivos son enviados a distintos países. Mendoza volvió a ser uno de los destinos elegidos.
Mucho más que una entrega de sillas
El trabajo realizado en la provincia no se limitó únicamente a la distribución de los dispositivos. Cada persona atravesó previamente una evaluación física y postural para adaptar la silla según sus necesidades de movilidad y comodidad.
“No es una mera distribución de sillas, sino una entrega personalizada y programada de dispositivos para personas con discapacidad motora”, remarcó Rosa.
Durante las jornadas, voluntarios trabajaron en áreas de tapicería, costura y ajustes mecánicos para modificar respaldos, almohadones, cinturones de seguridad y soportes posturales.
“No salen un millón, salen muchísimo más”, contó Marité. De acuerdo con consultas realizadas por El Sol en ortopedias locales, una silla con características similares a la que necesitaba Lucas puede alcanzar los 3 millones de pesos.
Según relató, conocieron el programa gracias a una vecina que ya había recibido asistencia en otra edición. Meses después, Lucas comenzó el proceso de inscripción junto a su terapeuta. “Él se encargó de todo”, recordó Marité.
Las escenas se repitieron durante toda la semana: chicos probando sus dispositivos por primera vez, familias emocionadas y voluntarios acompañando cada entrega.
Una iniciativa atravesada por la fe y el trabajo comunitario
Gran parte de quienes participaron del operativo coincidieron en que el proyecto estuvo impulsado por una fuerte vocación de servicio y acompañamiento.
“Mi motivación personal es gratitud. Gratitud a Dios, quien nos da las posibilidades cada día”, expresó Rosa.
Carmela, voluntaria del área de traductorado, sostuvo que el proyecto buscó “mostrar el amor de Dios de forma práctica” y visibilizar una realidad muchas veces ignorada.
“Las sonrisas de las personas cuando se sientan por primera vez en su silla son inolvidables”, aseguró.
Desde su creación, Wheels for the World distribuyó más de 245 mil sillas de ruedas en distintos países. Mendoza volvió a ser parte de esa cadena solidaria que esta semana reunió rehabilitación, trabajo comunitario y asistencia personalizada para cientos de familias.