Escúchanos en vivo ▶️ Radio Cadenanet

La perforadora de la APA: una política pública que lleva agua donde no se ve


En una provincia donde el agua no siempre está a la vista y donde muchas comunidades dependen exclusivamente del subsuelo, la perforadora de la Administración Provincial del Agua (APA) se ha convertido en una herramienta clave para sostener la vida cotidiana y el desarrollo productivo.

No es solo una máquina: es un servicio público que recorre más de 80 localidades y realiza alrededor de 60 perforaciones por año, dando respuesta a una demanda que crece al ritmo de las necesidades sociales.

Cada intervención comienza mucho antes de que la torre se eleve y el cabezal toque el suelo. Los equipos técnicos realizan estudios hidrogeológicos, sondeos eléctricos verticales y análisis de calidad del agua para determinar el sitio adecuado y el tipo de pozo que necesita cada comunidad. La precisión es fundamental: en zonas medanosas o de bajo rendimiento hídrico, un error puede significar meses de espera para un pueblo que depende exclusivamente de ese recurso.

Localidades como Carro Quemado, Caleufú, Quehué o Telén forman parte del recorrido reciente de la perforadora, que no solo abre pozos, sino también oportunidades.

Una demanda que nace en los pueblos

“Los trabajos son solicitados por municipios, cooperativas y también por particulares”, explica Maximiliano Rosignolo, perforista de la APA, a la Agencia Provincial de Noticias. La frase resume el carácter social del servicio: la perforadora llega allí donde la comunidad lo necesita, ya sea para garantizar agua potable, mejorar el abastecimiento existente o habilitar proyectos productivos que requieren riego.

En muchos casos, el agua subterránea es la única fuente disponible. Por eso, cada perforación representa una respuesta concreta a un derecho básico.

Dos cuadrillas para una provincia entera

La APA cuenta con maquinaria especializada, personal capacitado y una logística que permite operar en simultáneo en distintos puntos del territorio. Dos cuadrillas se desplazan de manera constante, atendiendo pedidos que van desde pozos exploratorios hasta perforaciones definitivas que alcanzan entre 70 y 100 metros de profundidad.

En paralelo, el laboratorio del organismo analiza las muestras y certifica si el agua es apta para consumo humano o únicamente para riego. Esa información resulta decisiva para planificar obras, habilitar conexiones y garantizar la seguridad sanitaria.

“Estuvimos en Telén: en el campo hicimos un pozo de exploración y en la plaza uno para riego. Recorremos toda la provincia”, cuenta Rosignolo, dejando entrever el ritmo itinerante del trabajo.

Un servicio que sostiene la equidad territorial

La perforadora de la APA no solo resuelve problemas técnicos: reduce desigualdades. En una provincia extensa, con localidades pequeñas y dispersas, la presencia del Estado en el territorio marca la diferencia entre contar con agua segura o depender de camiones cisterna; entre producir o abandonar un proyecto; entre quedarse o migrar.

Cada perforación es una intervención social. Cada pozo habilitado mejora la calidad de vida. Y cada viaje de la perforadora reafirma una idea simple pero esencial: el acceso al agua no puede depender de la geografía, sino de una política pública sostenida.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente